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TESTIMONIOS

Promesas de Militante de Santa María

La pasada Semana Santa hice por primera vez ejercicios espirituales. Hasta entonces, estaba bastante alejada de Dios, y fue una experiencia inolvidable donde me encontré totalmente con el Señor. Desde entonces, he ido conociendo más a la Milicia y me he ido enamorando de su estilo de vida. Por esto, en el campamento me propuse empezar a vivir los compromisos de militante para poder ir bien preparada a las promesas, aunque tenía que esperar un año, hasta cumplir los 18. Pero a mí se me hacía muy largo y pedí permiso para anticiparlas unos meses. Y mi deseo se ha realizado. El hecho de saber que cuento con la ayuda de la Virgen para seguir el estilo de vida que quiero vivir, me motiva a procurar cada día superarme, conociendo más a Dios a través de la Virgen, e intentar que mis conocidos también tengan el encuentro que tuve yo.

Lucía Ortega (Burgos)

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Promesas de Militante de Santa María

Nací porque mi madre se lo pidió a la Virgen del Rocío. Tras haber estado muchos años alejada de Dios, Jesús me ha puesto en el corazón el deseo de devolverle mi vida, por amor, a su Madre. Y, por medio de ella, a Él. Me ha dado la gracia de confirmarme este pasado 28 de noviembre y de poder hacer las promesas de militante el día de la Inmaculada. Jesús me está pidiendo que le dé en bandeja mi corazón, sin reservas. Con mis miedos, mis dudas y mi pequeñez. Por eso, le pido a Aquella con la que comparto el nombre y poco más, Aquella que me ha cuidado desde siempre, aun cuando no he sabido darle su mérito, que me vaya contagiando su amor y su ternura para poder estar también «en Nazaret, a solas con mi Tesoro». Como decía santa Isabel de Hungría, «mi herencia es Jesús». De la mano de María, quiero quedarme siempre a su lado, quiero subirme con Él a la Cruz.

María Albert (Madrid)

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Promesas de Premilitante de Santa María

La Virgen siempre ha estado detrás de mí, pero yo la he ignorado muchas veces. En el campamento me quité esa venda que tenía y vi que Ella quería más de mí. Entonces pensé hacer las promesas, pero, como no cumplí ningún día mis propósitos, me desanimé. Unos días antes de la Inmaculada volví a sentir el deseo y esta vez me lancé y ha sido una de las mejores decisiones que he podido tomar. Ahora cuido más los pequeños detalles y tengo fuerza para darme al cien por cien, aunque me cueste. Esta experiencia me ha hecho darme cuenta de que la Virgen nunca nos suelta de la mano, incluso cuando estamos desesperados, cansados o sin ganas. Aunque nosotros nos alejemos o dudemos, Ella sigue ahí, esperando con paciencia y guiándonos poco a poco.

Julia Romeral (Madrid)

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