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Homilía
de Mons. Martinez Camino (Octubre 2011) en la
Misa del XVII aniversario de fallecimiento del Siervo de Dios
P. Tomás Morales
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Homilía Mons. Martinez Camino XVII aniv. P. Morales, Octubre 2011
DE
NAGASAKI A ROMA: Keiko Momosaki.
Historia
de una conversión a través de la amistad “alma a alma”.
Todos los caminos conducen a Roma, la Ciudad Eterna, corazón
de la Iglesia. También el recorrido por Keiko Momosaki desde
Fukuoka, cerca de Nagasaki, en el país del sol naciente. Un camino
iniciado como el suave amanecer de los paisajes nipones: primer
contacto con la fe cristiana, conversión del budismo y bautismo en
la Iglesia Católica, hace ahora veinte años. Ella misma nos cuenta
su experiencia, a raíz de su primera estancia en España para
conocer a las cruzadas y militantes de Santa María.
“Provengo de Fukuoka, una ciudad cercana a
Nagasaki, en la isla de Kyushu, al sur del Japón, conocida con
motivo de la bomba atómica de la Segunda Guerra Mundial; en
realidad, desde la llegada de San Francisco Javier, fue un lugar
importante para la difusión del cristianismo por aquellas tierras.
Durante casi dos centurias (1639-1853) Japón estuvo cerrado a los
extranjeros; solamente quedó abierto el puerto de Nagasaki para
favorecer el comercio con los holandeses. Esta circunstancia marcó
el carácter abierto y comunicativo de sus habitantes; esta ciudad
es, en efecto, la puerta de acceso a la cultura nipona.
Mi primer encuentro con el Cristianismo fue en la
escuela materna, adonde mis padres decidieron llevarme cuando era
pequeña. Aunque mis amigos asistían a otra escuela de la zona, mi
familia, aunque era budista, optó por una escuela católica después
de mucho buscar; sobre todo mi padre, estaba convencido que la
educación infantil de una escuela católica era mejor y apreciaba
su método. Recuerdo que cada día se iniciaba con un saludo a la
Virgen. Es allí donde aprendí a rezar.
Después, durante los años de estudio en la
Universidad, me trasladé a vivir a Nagasaki para estudiar música.
Al finalizar mis estudios universitarios, seguí estudiando canto lírico
y la Providencia me llevó a conocer una maestra de ópera lírica
italiana en Tokyo que era católica. Cada vez que asistía a la
lección, antes de empezar, ella me hablaba siempre de su fe. Fue
ella quien me aconsejó estudiar opera lírica en Italia y aprender
la lengua italiana. La Providencia me iba guiando y para poder
estudiar italiano fui a dar con un profesor italiano, un sacerdote,
el padre Alberto di Bello, del PIME que, por esos años, era el
director de la escuela infantil donde yo había asistido en Fukuoka.
Mientras asistía a sus clases de italiano, me invitó
a un curso sobre la vida que organizó en su parroquia. Por entonces,
una amiga mía que era pianista asistía a la catequesis con su
hermana. Gracias a ella, también me interesé y comencé con ellas
a estudiar el Catecismo. El tiempo de catequesis lo terminamos el 25
de marzo de 1989, en que recibimos juntas el bautismo en la Iglesia
Católica de manos del padre Alberto. Mi madrina de bautismo fue mi
profesora de canto.
Al año
siguiente, apenas catecúmena en la fe católica,
decidí venir a Roma para estudiar opera lírica con un maestro
italiano. Estuve así por algunos años hasta que este maestro murió
repentinamente. Este hecho fue un nuevo signo de la Providencia, y
en el año 1996, se me presentó la ocasión de estudiar Teología
en la Universidad Pontificia Gregoriana. Quería de este modo
profundizar la fe católica, apenas incipiente; con la ayuda del P.
López Gay, SJ, entonces Decano de la Facultad de Misionología. Opté
por seguir los cursos en esta facultad y abandonar el canto lírico.
Dado este paso, de nuevo la Providencia me llevó a entablar una
verdadera amistad con Marian Benito, una cruzada que también
estudiaba en la Universidad Gregoriana. Fue por su medio que conocí
más de cerca a las cruzadas que estaban en Roma, y hasta participar
con ellas en algún retiro y ejercicios espirituales.
Verdaderamente, los caminos de Dios son
inescrutables. Al mirar hacia atrás, entiendo que el proyecto de
Dios no era que estudiase ni canto lírico, ni Misionología......
ni siquiera las personas que han actuado de instrumentos en este
camino, eran conscientes del influjo que su amistad y mediación
suponían para mi vida. Les doy infinitas gracias por haberme
llevado a Dios. Todas ellas han sido medios para guiarme hacia un
proyecto de vida que sólo Dios conoce y que yo estoy decidida a
seguir con total humildad y confianza en su gracia y Providencia.
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