Padre Tomás Morales, S. I. (1908-1994)

 

1. Biografía

2. Carisma

3. Oración para obtener gracias (oración para la devoción privada)

 

Biografía

1908: 30 octubre: nace en Macuto (Venezuela);

1909: 18 abril: recibe el sacramento del bautismo y de la confirmación;

1914-1917: estudia en el Colegio Alemán en Madrid;

1917: 19 marzo: recibe la primera comunión en la Real Parroquia del Buen Suceso, en Madrid;

1917: septiembre: ingresa en el Colegio Nuestra Señora del Recuerdo de la Compañía de Jesús en Chamartín de la Rosa (Madrid);

1924: septiembre: se inscribe en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid;

1930: 30 septiembre: recibe mediante oposición el Premio Extraordinario del Grado de Licenciado en Derecho. A lo largo de este periodo universitario, además de participar en la Asociación de Estudiantes Católicos, en 1927-28 ocupó la Presidencia de la Asociación de Estudiantes Católicos de Derecho de Madrid; de 1928 a 1930 la Presidencia de la Federación de Estudiantes Católicos de Madrid; vocal de la Junta Suprema de la Confederación de Estudiantes Católicos de España durante los mismos cursos y representante de la Confederación en la VIII Asamblea de la International Student Service en Krems y en el XI Congreso de la Confederación Internacional de Estudiantes de Budapest;

1932: enero: obtiene una beca en el Real Colegio de San Clemente de los Españoles, en Bolonia;

1932: junio: consigue la Laurea di Dottore in Giurisprudenza, con la máxima calificación, en la Universidad estatal de Bolonia;

1932: 30 julio: ingresa en el noviciado de la Compañía de Jesús en Chevetogne (Bélgica);

1938: 18 marzo: muere su padre;

1942: 13 mayo: es ordenado sacerdote en Granada;

1943: es destinado al colegio San José en Villafranca de los Barros (Badajoz)

1945: 15 septiembre - 1946: 16 julio: Tercera probación.

1946: Es destinado a Madrid y comienza una intensa labor con los trabajadores de empresa. Con ellos funda el Hogar del Empleado: un movimiento apostólico de gran vitalidad que desarrolló múltiples obras sociales;

1947: surgen los Cruzados de Santa María;

1947: 2 febrero: emite los votos definitivos como coadjutor espiritual en la Compañía de Jesús;

1948: 24 febrero: muere su madre;

1955: 8 diciembre: aprobación de la Pía Unión Cruzados de Santa María;

1959: surgen las Cruzadas de Santa María;

1961: 5 octubre - 1963: 3 octubre: es destinado a Badajoz;

1965: 8 diciembre: aprobación de la Pía Unión Cruzadas de Santa María;

1982: 31 julio: celebra el 50 aniversario de su entrada en la Compañía de Jesús;

1988: 11 febrero: aprobación de la Pía Unión Cruzados de Santa María como Instituto secular de derecho diocesano;

1992: 13 mayo: celebra las Bodas de Oro de su ordenación sacerdotal;

1994: 5 abril: es operado del fémur a causa de una caída;

1994: 1 octubre: muere en Alcalá de Henares (Madrid);

2000: 24 junio: apertura de su Causa de Beatificación y Canonización;

2002: 5 noviembre: traslado de sus restos mortales a la sede de las Cruzadas de Santa María en Madrid

(c/ Juan de Mena, 23);

2007: 18 marzo: clausura en Madrid del proceso diocesano sobre su vida, virtudes y fama de santidad.

 

 

 

Carisma

Evangelizador de los jóvenes -sus predilectos- el Siervo de Dios comprendió que la riqueza del Evangelio de Cristo fructificaría mejor si la semilla arraigaba en personalidades ricas en valores humanos. Toda su dilatada vida estuvo dedicada a la formación de hombres y mujeres, con la mirada puesta en la promoción del laicado dentro de la Iglesia, suscitando educadores y guías de otros, no tanto teóricamente cuanto autoeducándose siempre. Forjar hombres porque "sin la acción y testimonio del laicado, el Evangelio no puede impregnar toda la vida humana y ser llevado a toda la vida de la sociedad" (Juan Pablo II, 11-10-1985, 15).

    Educó en función del Evangelio, es decir, de servir y dar la vida por los demás. Por eso su acción se fundamentó siempre en tres realidades sobrenaturales: la Sagrada Escritura (Dios hecho Palabra), los santos (Palabra hecha vida en hombres como nosotros), y el Magisterio de la Iglesia, luz segura en el camino.

    La larga y fecunda experiencia de muchos decenios formando hombres y mujeres la plasmó el Siervo de Dios en Laicos en marcha (Madrid 1984, 3 ed.) y en Forja de hombres (Madrid 1987, 4 ed.), "unas técnicas extraídas de la cantera viva de la realidad, del conocimiento de la vida, del bucear hondo en el corazón de tantos jóvenes, del pensar profundo en muchas horas de silencio y soledad fecunda", que brindó "a todos los formadores de la juventud, desde el padre de familia, el maestro o educador, desde el sacerdote director de almas hasta el laico militante, fermento en la masa" (Forja, p. 4). Experiencias y enseñanzas que ofreció con amor fraternal, al acercarse un Sínodo 1987 que profundizaría "en la misión del laico en el mundo, a cuantos con Cristo y en Cristo forman la Iglesia o pueden incorporarse a ella. Las brindamos en especial a cuantos, conscientes de la urgencia del momento, van cayendo en la cuenta de que la movilización del laicado con ímpetu misionero es quizá el problema pastoral que más acucia a la Iglesia para la evangelización valiente y eficaz del mundo", de una juventud que quiere ser formada en el heroísmo. Exige que no se la defraude. Pide un Evangelio íntegro, no adulterado, que le comunique la fuerza sobrenatural para seguir a 'Jesucristo, y Éste crucificado'(I Cor, 2, 2). Esta convencida de que "vivir como cristiano significa con frecuencia ir contra corriente, contra la mentalidad en boga", que "no es fácil ser coherente con la fe en la sociedad de hoy, saturada de materialismo y permisividad" (Juan Pablo II, 12-8-1984, 7).

    Laicos en marcha y Forja de hombres se hacen eco de las enseñanzas de un Concilio; pretende que todos los laicos caigan en lacuenta de que "muchos hombres no pueden escuchar el Evangelio, ni conocer a Cristo, más que por sus hermanos seglares" (Concilio Vaticano II, Apostolicam actuositatem, 13). Contribuirá a barrenar "la mentalidad negativa del cristiano que no quiere complicaciones, que no se ocupa del bien de los demás" (Pablo VI, 23-3-1966). En esta "hora de los laicos", en la coyuntura histórica en que los seglares tienen que convertirse en "puente entre la Iglesia y la sociedad" (Pablo VI, 3-1-1964), "ningún cristiano está exento de su responsabilidad evangelizadora, ninguno puede ser sustituido en las exigencias de su apostolado personal. Cada laico tiene un campo de apostolado en su experiencia personal" (Juan Pablo II, Toledo 4-11-1982).

    En cuatro puntos cardinales expone el Siervo de Dios el resultado de su actividad apostólica y pastoral. Mística de exigencia, espíritu combativo, de lucha con uno mismo en orden a la perfección, cultivo de la reflexión y constancia en nuestras determinaciones y actos de la vida cotidiana. Los dos primeros valores están muy en consonancia con la radicalidad del mensaje evangélico. Los otros dos, enraizados en lo más profundo de la persona, hacen posible que florezcan los primeros. Han de darse todos juntos a la vez. Será una labor de toda una vida.

1. La exigencia que el Padre Morales prospecta ha de reunir ciertas condiciones: flexible, amorosa, razonable. Para forjar este valor el Siervo de Dios propone un medio experimentado en la cantera viva de la realidad: un plan de vida que se concreta en pequeños detalles reales, prácticos, comprobables: "El cumplimiento del deber se inculca por los pequeños detalles. El que no sabe cuidarlos, jamás será educador ni organizador. No se trata de la preocupación nimia y reglamentarista que achica el espíritu en lugar de dilatarlo. Es la conciencia del deber en todas sus manifestaciones por insignificantes que parezcan" (Forja, p. 48)

2. " El espíritu combativo es una actitud interior que empuja al hombre, abierto a la acción del Espíritu, a estar en continua y serena tensión de voluntad, librando constantemente una gran batalla consigo mismo" (ibid, p. 174), que se forja viviendo los propios ideales: "hay que enseñarles a luchar, a vencer dificultades, a sufrir persecuciones e injusticias, pues las ideas no se comprenden hasta que no se empiezan a vivir... hay que enseñar a los jóvenes a saber fracasar, a no arredrarse ante el miedo, a no dejarse bloquear por sus limitaciones" (ibid, p. 177, 179).

3. "Enseñar a pensar con profundidad, orden y nitidez es el primer objetivo del educador... Enseñar a descubrir la verdad por si mismo, encauzándole para que no se despiste. Es obligarle al esfuerzo para que experimente la alegría íntima de encontrar la verdad... El cultivo de la reflexión en la juventud es indispensable para formar hombres que desarrollen ambiciosamente su personalidad, potencien y enriquezcan ese yo íntimo, peculiar, característico que Dios da a cada uno. Menospreciar esta vertiente en la educación es hacer marionetas, no forjar hombres" (ibid, p. 406).

4. Si la reflexión hace referencia al cultivo y enriquecimiento de la capacidad racional del hombre, la constancia apunta hacia su voluntad, esa capacidad de querer el bien. En su itinerario pedagógico van inseparablemente unidas. "Reflexión y constancia te suministran los pies para andar por la selva de los intrincados valores humanos que tienes que descubrir y potenciar... Si no las cultivas, te quedarás siempre enano... Los demás valores no tendrán dónde asentarse, si reflexión y constancia no son los capiteles robustos en que se apoyan" (Coloquio familiar, p. 14). A los jóvenes el Siervo de Dios daba estos consejos para orientar sus esfuerzos: querer pocas cosas, no fantasear, no cansarse nunca de estar empezando siempre pues es en la continuidad donde se dan a conocer las almas grandes, poco a poco, y, sobre todo, no desanimarse nunca pues el desánimo es excusa de los cobardes (ibid, p. 43-44).

    Otros siete artículos perfilan y completan los cuatro puntos cardinales de Forja de hombres; son artículos para un código de formación de juventudes, de laicos "llamados a procurar el crecimiento de la Iglesia, a hacerla presente y operante en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra sino a través de ellos" (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 33) que el Siervo de Dios recogió en Laicos en marcha. Una técnica avalada igualmente por la experiencia: hacer-hacer; renunciar a la prisa; no dejarse encandilar por mesianismos sociales y políticos; no convertirse en organizador de diversiones; amplitud ecuménica en la mentalidad y en la acción; primacía de la vida interior.

Así forjó y así continúan forjándose a la luz y al calor de sus enseñanzas padres, maestros, educadores, profesionales... empeñados en edificar con entusiasmo un mundo mejor.

    Si el Siervo de Dios lo llevó a cabo fue porque reunió estos elementos en su persona: maestro y testigo, padre forjador del carácter. Reunió los rasgos del maestro: ejemplaridad, en cuanto que jamás exigió nada que no viviera él primero; coherencia total entre su doctrina y su vida; de ahí su autoridad, que emanaba de su persona y suscitaba discípulos. Y los del testigo, es decir, persona que tiene conocimiento directo de una cosa: testigo de un amor total, infatigable, tangible, a Jesucristo, Sumo Capitán y rey nuestro. Celo por su causa, infatigable, toda su vida fue una brega continua. Testigo de un amor oblativo, a costa de sí mismo, concretado en una entrega incondicional a los demás, en no poseer ni un minuto de tiempo para sí. Abnegación, que fue en él disciplina, aprovechamiento del tiempo, preocupación por los demás, desaparecer a sí mismo en todo, no crear necesidades, no profesar ni una queja. Testigo de un amor paciente en la lucha implacable contra sí mismo, forjando su carácter lleno de contrastes.

    Y sobre todo fue un Padre, un buen pastor que entrega su vida. Sus preferencias de pastor se las llevan los jóvenes, en cuyos corazones -decía- duerme un conquistador. Les consagró casi la totalidad de su tiempo. Con ellos fue el educador que aunaba "la firmeza de un padre, la ternura de una madre, la abnegación de un maestro, el celo de un sacerdote y la paciencia de un santo" (Forja, p. 71). Pretendió una formación integral (espiritual, doctrinal, humana), fundamento recio de una vida cristiana sólida, madura y santa. El Siervo de Dios ha sido un guía y pastor de almas infatigable tal y como soñaba desde sus años de noviciado en Bélgica: "tratándose de salvar almas -escribió a una de sus hermanas- al sacerdote de Jesucristo todo le parece poco".

 

 

Oración

Dios, Padre, rico en misericordia, que concediste a tu siervo Tomás Morales, S.J., sacerdote, un entrañable amor a la Virgen María y un celo ardiente para impulsar en la Iglesia la santificación de los laicos, especialmente jóvenes. Te suplico una conciencia creciente de las exigencias de mi vocación bautismal, para que yo sea en el mundo fermento y testigo de tu amor y tu verdad. Te ruego también, si esa es tu voluntad, te dignes glorificar a tu siervo Tomás, por cuya intercesión te pido este favor... (se formula ahora la petición). Así sea.

                    (Padre nuestro, Ave María, Gloria)

 

   

Se ruega comunicar las gracias recibidas por intercesión del siervo de Dios Tomás Morales a:   

Secretariado Tomás Morales

C/Benito Gutiérrez, 45; 28008 Madrid (España)

e-mail: padremorales@planalfa.es

    La cripta con los restos del Siervo de Dios P. Tomás Morales, S.J. y una exposición con recuerdos del Padre Morales se encuentran en la sede Rovacías, c/Juan de Mena, 23 (28014 Madrid): línea metro 2, Banco de España o Retiro; y pueden ser visitados previo aviso al Telf. 915 21 70 83.

    Los donativos para colaborar con la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Tomás Morales, S.J. se pueden realizar en la cuenta bancaria del BCSH: 0049 1834 11 2910124019.

 

   

 

 


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Última actualización: 24 de junio de 2010.